De la liberalización a las interconexiones, tres décadas de electricidad en España

El país ha duplicado su demanda y ha aumentado aún más su capacidad de generación

Tras atajar el histórico déficit de tarifa, el sector eléctrico afronta un periodo de nuevas transformaciones, como el impulso a las conexiones internacionales.

La actual situación del mercado eléctrico presenta ciertos paralelismos con el panorama existente hace 30 años. En ambos contextos se apreciaba una sobrecapacidad de generación (ahora por el apoyo a las renovables y antes, por las inversiones en producción nuclear). Y tanto en la actualidad como entonces, el sector acababa de afrontar una profunda reforma regulatoria: en aquel momento había sido el Marco Legal Estable de 1984 y ahora, la reforma de 2013 para suprimir el déficit de tarifa.

En todo caso, las diferencias entre la actual realidad y la de 1986 son mucho más pronunciadas que las semejanzas. Por ejemplo, España ha duplicado su demanda eléctrica a lo largo de todo el periodo, pasando de 115.000 GWh (gigavatios hora) en 1986 a 248.000 en 2015, y ha incrementado aún más su capacidad de generación, que ahora supera los 108.000 MWh (megavatios hora) y entonces apenas alcanzaba los 40.000. Del mismo modo, se ha diversificado el mix energético nacional, relegando a los hidrocarburos a un papel secundario, en beneficio de la nuclear y, sobre todo, de la eólica.

Una red más segura y mucho más larga

Otra importante transformación acometida en los últimos años ha sido la mejora de la seguridad y la calidad del suministro eléctrico. En esta tarea han resultado fundamentales las inversiones acometidas por Red Eléctrica de España (REE), responsable de las actividades de transporte y operación del sistema. Si hace tres décadas el país contaba con una red de poco más de 10.500 kilómetros, en la actualidad supera los 43.000 kilómetros de líneas de alta tensión. REE también ha sido clave para avanzar en las interconexiones que unen el sistema energético de España con el de Portugal a través de nueve líneas (y hay una más en desarrollo), con Francia mediante cinco (el año pasado se inauguró una entre Santa Llogaia y Baixas, algo que no sucedía desde 1982) y con Marruecos, gracias a dos cables submarinos.

En 1997 se aprobó la ley que asumió las directrices europeas para la liberalización del sistema eléctrico

En todo caso, “el hecho fundamental que ha transformado el sector eléctrico durante este periodo ha sido la convergencia con el modelo de funcionamiento de los países europeos”, explican fuentes de la Asociación Española de la Industria Eléctrica (Unesa). Esta asunción de las directrices comunitarias se llevó a cabo a través de una ley de 1997 que completa la liberalización del sistema eléctrico, separando “las actividades reguladas (transporte y distribución) de las liberalizadas (generación y comercialización), además de implicar la entrada de nuevos agentes y la posibilidad, para el consumidor, de elegir suministrador”, añaden desde la patronal eléctrica.

El pesado lastre del déficit tarifario

Aquella reforma también introdujo los ingresos por tarifas y peajes, para que fueran los usuarios quienes asumieran los costes del mantenimiento del sistema eléctrico. Este modelo empezó a mostrar sus carencias a partir de 2005, cuando el desajuste entre los ingresos regulados y los costes provocó un déficit estructural que llegó a alcanzar los 40.000 millones de euros. A ello contribuyó también la legislación destinada al apoyo de las fuentes renovables (y fundamentalmente, de la fotovoltaica), que incrementó aún más los costes. Atajar este desfase fue el gran objetivo de la reforma acometida por José Manuel Soria en 2013, que incluyó subidas tarifarias y ajustes para las compañías valoradas en unos 10.000 millones de euros. Eso sí, la reforma consiguió su objetivo y 2014 se cerró con un superávit de 650 millones de euros que, según distintas estimaciones, podría ascender a entre 800 y 1.000 millones de euros cuando se conozcan los datos oficiales correspondientes a 2015.

La estabilidad regulatoria debe derivar en un sector productivo, fuerte y eficiente”, apuntan desde Cide

Resuelto este problema, las pequeñas distribuidoras integradas en la asociación Cide esperan que ahora se inicie un periodo de estabilidad regulatoria que derive en “un sector productivo, fuerte y eficiente”, explica su presidente, Gerardo Cuerva. A nivel global, la industria afronta el reto de contribuir a la electrificación del mundo, necesaria para reducir las emisiones de CO2 hasta los niveles marcados en la reciente Cumbre de París. Este objetivo exige un impulso al tren, el coche eléctrico y las renovables, además de alargar en la medida de lo posible la vida de las centrales nucleares y avanzar en almacenamiento.

El reto de acabar con la isla energética española

España también debe avanzar en conexiones internacionales. La UE recomienda que sus Estados miembros alcancen un nivel de interconexión del 10% en 2020 (es decir, que intercambien con otros países al menos el 10% de su producción). Y la cifra debería ascender al 15% en 2030, lo que contrasta con el ratio español, del 5,3%. Tal como explican desde REE, “actualmente se están haciendo estudios de la nueva interconexión por el Golfo de Vizcaya, proyecto de interés comunitario, que cuando entre en servicio incrementaría el nivel de interconexión hasta el 7,3%”.

El recibo cayó un 13% en enero por la bajada de la parte regulada y la mayor contribución de la energía eólica

Otro de los desafíos del sector es seguir abaratando la factura, que se redujo en enero un 13% respecto al año anterior gracias a la bajada de la parte regulada aprobada por el Gobierno, que supone una reducción media del 2,8%, y a la caída del coste de la luz en el mercado mayorista por la mayor contribución de la eólica. Según Unesa, las actuaciones pendientes en este ámbito pasan por acabar con la tarifa regulada (el Precio Voluntario al Pequeño Consumidor) y “liberar la factura de los sobrecostes fiscales y administrativos”, lo que incluye “decisiones políticas e impuestos que engloban cerca del 50% del recibo”.

Además, las eléctricas han empezado a introducir nuevas fórmulas de ahorro, como las ofertas combinadas de luz y gas. Más de 27.000 clientes de Viesgo ya han contratado este tipo de tarifas duales que, según la compañía, “ofrecen interesantes descuentos que pueden ser de hasta un 50% en gas y un 15% en luz, además de garantizar al usuario un precio fijo durante 12 meses”.

Tecnología y concienciación, la mejor forma de ahorro

Entre los principales cambios que actualmente afronta el sector eléctrico destaca la puesta en marcha de las llamadas redes inteligentes o ‘smart grids’. Tal como apunta Joaquín Escoda, socio de Alfa Consulting y experto en el sector energético, “su introducción está avanzando y en 2018 debe estar finalizada, con la instalación de contadores inteligentes en todo el país”. En su opinión, esta transformación tecnológica modificará “la forma de operar de las compañías y sus capacidades”, pero también representa “una oportunidad para que se ofrezcan a los clientes nuevos servicios, como más y mejor información sobre su consumo o una mayor rapidez en las intervenciones”. De momento, las eléctricas se están adelantando al calendario establecido por el Gobierno, que preveía que estos dispositivos llegaran al 70% de los españoles en 2016. De hecho, el 80% de los clientes de Endesa disfrutarán de estos contadores a final de año, algo que ya hacen los más de 670.000 usuarios de Viesgo, primera compañía que ha completado el proceso de renovación. Esto ha permitido que el pasado julio España fuese el primer país en implantar el sistema de facturación por horas (de momento, sólo para los clientes de la tarifa regulada), lo que permite pagar en función del consumo realizado en cada hora y de lo que cuesta la electricidad en el mercado mayorista en ese momento. Además, las compañías han empezado a lanzar todo tipo de servicios para que sus clientes del mercado libre aprovechen el potencial de estos aparatos. Por ejemplo, Viesgo les ofrece facturación horaria y la posibilidad de conocer sus curvas, consumos y facturas a través de una aplicación para ordenadores, teléfonos y tabletas. Al fin y al cabo, el objetivo de estas tecnologías es “promover una demanda más responsable, ya que el consumidor puede ser más consciente de sus hábitos de consumo y de la repercusión que éstos tienen en su recibo y en el sistema eléctrico”, tal como explican desde Unesa. En todo caso, para que los contadores inteligentes sean realmente útiles requerirán de una mayor implicación de los usuarios, porque son “un método más para conocer con mayor detalle el consumo, pero no son una herramienta definitiva para la eficiencia”, explica Gerardo Cuerva, presidente de la asociación Cide, que aglutina a 205 distribuidoras. En su opinión, es más importante “la concienciación del usuario y que disponga de los incentivos suficientes para hacer un uso más racional de la energía”.

Fuente: expansion.com

Rubén G. López




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